“Que increible que ya se vaya también este año, ¿no?” me dice mi vecina en el ascensor, con ese temor tan propio de la gente mayor ante el supuestamente vertiginoso paso del tiempo.
Que se vaya de una vez. El cambio de año no es más que un simbolo, convengamos, pero a lo mejor es una excusa para poner todo lo que no me gusto del pasado en una cajita, apartarla a un lado y pensar: bueno, y ahora, ¿que?
Todos los años digo que voy a hacer cosas en el verano, y al final termino dejando pasar los dias. Quizas este verano sea la excepción, porque convengamos que este año también fue una excepción, y no consigo imaginarme en el mismo lugar, mental y emocionalmente, en el que he estado en tantos otros veranos.
Estoy, quizas, tan perdida como lo he estado siempre (acaso estamos todos perdidos en algun punto de nuestras vidas, pero algunos se mueven empujados por la inercia toda su vida sin jamas cuestionarse en que dirección: espero no ser una de esas personas), pero por primera vez en mucho tiempo estoy mirando a mi alrededor, a ver que caminos se pueden tomar para salir de esta.
Y como los caminos se recorren paso a paso, y a veces los pasos que más cuestan son los primeros, he aqui una modesta lista de primeros pasos para dar estos dias, antes de que venga el pan dulce, y el champagne, y las fiestas, y termine inerte en un sillón luchando en vano contra la resaca, el calor y la melancolia:
1. Ponerme en forma. Basta de ser un saco de papas y fingir que eso no me molesta. Si, me molesta. Si, me siento gorda y floja. No obsesa, no repelente, tampoco lo voy a llevar a la exageración; pero definitivamente no me termina de cerrar la imagen que me devuelve el espejo, y quizas estaria bueno hacer algo al respecto. Pesar dos kilos menos no me va a transformar mágicamente en un ser perfecto ni darme la llave de la felicidad, pero quizas me haga sentir minimamente más segura en mi misma.
2. Buscar trabajo con una sola meta: ganar lo suficiente para llegar a cubrir mis gastos y ahorrar una cantidad cada mes. Todo el mundo ha tenido que empezar de abajo en un trabajo agotador y no necesariamente conectado con su vocación. Este, me parece, es el momento donde me toca a mi. Me gusta lo que hago actualmente, ojo, pero no me deja gozar de cierta independencia ec0nomica, y a esta altura de mi vida eso empieza a ser prioridad.
3. Salir más. No rechazar invitaciones. No a los prejuicios. Probar todo al menos una vez (?) Divertirme más en resumen, preferentemente gastando menos (vease punto 2.) – tanto tiempo pensando que mis problemas me aislaban de todos, ¿y para qué? Para nada; es tiempo perdido que no se recupera.
4. Recuperar la confianza en mis propias habilidades. Abandonar esa creencia estupida que si no sos perfecta en algo mejor ni empezar. Reconciliarme con ser apenas tolerablemente buena en algo. Por algo se empieza.








Opinion fuerte (pero, si me conocen, enteramente predecible): romances que hayan inspirado música memorable los hay muchos, pero el más significativo en la escena del rock inglés en lo que va de este nuevo siglo es la dupla de Pete Doherty y Carl Barat, los frontmen de The Libertines. No sé si romance es la palabra correcta para la relación que en si tenian en la vida real en los años miserables pre-exito, pero sin duda lo es para la que construyeron para su imagén pública, que rapidamente se salio de control hasta que la linea entre lo privado y lo público desapareciera del todo: Pete y Carl eran amigos y enemigos; se profesaban amor incondicional en entrevistas y cantaban sobre separaciones y amores que ya no daban más mientras empapelaban revistas de chismes con sus escandalos y excesos. Se odiaban, se perdonaban, se robaban las cosas del otro y las vendian para comprar drogas. Hacian un show de la tensión sexual (no se sabe si se quieren dar o se quieren matar a golpes, dijo alguna vez un periodista), mientras probablemente se arrancaban los ojos en el backstage. Sexo, sudor y drogas, casi un estereotipo del exceso rockero, sumado a la disolucion de cualquier barrera entre artistas y público, entre la creación y la vida privada: organizaban conciertos en sus casas, cantaban de la desintegración de su propia amistad, participaban asiduamente del foro que frecuentaban sus fans mucho antes de la explosión de myspace. Aun cuando cantaban sobre sus ex-novias, parecia que estuvieran hablando de ellos mismos; como tantos otros fans, no me importa que Music When The Lights Go Out fuera escrita en el 1999 – para mi es un lamento por el Albion imaginario que habian construido los dos, y que ahora que aquellos tiempos habian quedado en el pasado, hacia agua.
A veces siento que The Libertines ardio y se consumio a si mismo, y que el genial segundo disco (desparejo, desprolijo pero fantastico) es donde este romance se acaba, y tanto mejor asi. Pero a veces, cuando leo entrevistas de Doherty (que se ha redimido frente a mis ojos escepticos luego del precioso disco solista que saco hace poco, Grace/Wastelands) y me entero que él quiere que se vuelvan a juntar… bueno, ahi pienso que donde hubo fuego, cenizas quedan, y que si ya que estamos se quieren pegar una vuelta por latinoamerica, for old time’s sake, tanto mejor.
