El secreto de sus ojos, la nueva sensacion del cine nacional, me decepciono. Esto me hace sentir muy sola, muy injustamente severa, porque todos salieron encantados de la sala, y yo, un poco indignada porque una pelicula que prometia tanto no me termino de cerrar. A veces creo que Campanella deberia seguir dirigiendo muy buenos capitulos de television (para nosotros, o para los yanquis, me es indistinto siempre y cuando pueda verlos en la tele o bajarlos en Taringa)… porque la verdad, sus peliculas ya no me interesan.
Ojo, empezamos bien, con El mismo amor, la misma lluvia, que era dulce y bonita (y tambien los tenia a Darin y Villamil suspirando el uno por el otro durante largas decadas de historia argentina). Despues vino El hijo de la novia, totalmente sobrevalorada: si, era efectiva y agradable, pero pecaba de sensiblera. Luna de Avellaneda fue una continuacion de los vicios del Hijo, sin el valor redentor de Alterio y Aleandro. El Secreto de sus Ojos, por ser un policial y un drama, parecia ser un quiebre, algo nuevo para un realizador que se me antojaba ya repetitivo.
Y sin embargo, Campanella se las ingenio para volver a caer en la trampa de su costumbrismo nostalgico de argentinidad for export cuando podia permitirse jugar con los codigos del cine negro, la triste ineptitud de nuestro sistema judicial y los años acaso más turbulentos de la historia argentina. Cómo hizo, no sé. ¡Tenia tanto material más interesante que tratar! Y sin embargo, se fue por una tangente que ya ha explorado hasta el hartazgo, cayendo en algunos lugares comunes en el camino. El Secreto de sus ojos podria haber sido excelente – la primera hora, más allá de un par de pasos en falso, es excelente – pero el final me decepciono. Convengamos que los buenos finales son de suma importancia en cualquier tipo de pelicula… pero en un policial, en especial, el final lo es todo. Quizas tengo una concepción demasiado borgeana de lo que es y debe ser un policial, pero un misterio, y más uno que juega con los codigos del cine negro, necesita una buena resolucion. Una resolucion tensa, inteligente, que sorprenda desde la elegancia de la ejecución y la economia del relato. Esas son, para mi las reglas de juego: entiendo que a Campanella le interesara más lo intimo, lo personal, pero no se puede amagar, pretender contar un excelente misterio para engancharse con otra cosa, dejar indicios desaprovechados por el camino, y terminar con una media hora final aburridisima, por momentos hasta mediocre, y, si uno piensa el trasfondo politico y social del asunto, hasta un poco ofensiva.
¿De que hablo cuando hablo de lugares comunes? Empiezo por lo más evidente: en las cuatro peliculas que nombro, las cuatro de Campanella, en TODAS aparece el mismo tipo (siempre Darin), un cuarenton de clase media, introvertido, presa de la nostalgia por un pasado mejor. Hasta aqui, un stand-in del autor – miles de realizadores han hecho lo mismo, algunos con mejores o peores resultados. Ahora bien, en dos de las cuatro peliculas, Darin se enamora de Villamil, por la que suspira durante años sin hacer un carajo porque es un inseguro. Ella, a pesar de tener muchisimo más caracter y mas iniciativa que él, permanece en la periferia de la acción, porque juega de objeto de afecto del protagonista. En todas, Darin tiene un mejor amigo gracioso y medio ridiculo – pero redimido por un gesto de dignidad y sacrificio – interpretado por un comico con entradas (y, a veces, anteojos ridiculos).
No son las figuritas repetidas, quizas, lo que tanto me molesta, sino que sus peliculas, aunque admirablemente bien hechas, siempre terminen cayendo en el costumbrismo más mediocre, encarnando los cliches de la clase media argentina, de la cultura de barrio, de la viveza criolla. Siempre con un un heroe clase media con cansancio nostalgico por la vida que se le fue, la mina que no le dio bola porque ella era fina y él un pobre tipo, el fatalismo resignado ante la triste realidad: que la Argentina es y siempre ha sido corrupta, que “no se puede hacer nada”, que la unica justicia que hay es la justicia por mano propia, aqui un suspiro melancolico de un pobre viudo (desdibujado desde el guion y desde lo actoral) que termina un poco loco, un poco muerto en vida, y a mi juicio frio y más aterrador que lastimoso, ajusticiando la memoria de su esposa como puede.
Con todo esto no pretendo decir que la pelicula es pésima, sencillamente que no es tan buena como podria haber sido (y eso, a veces, es más frustrante). Más allá de lugares comunes y momentos que chorrean cursileria y desmerecen, Campanella sabe contar una historia, y dirigue con un profesionalismo admirable que no solemos asociar con el cine nacional. Recuerdo la persecución en la cancha de futbol (no necesariamente la toma de entrada a la cancha, que impacta, pero llama demasiado la atención sobre si misma, sino toda la escena en general) en particular y me cuesta criticarlo demasiado cuando puede hacer secuencias como esa. La dirección de arte es impecable, la ambientación, la atmosfera, todo muy cuidado y un gusto de ver. Darin, como siempre, esta fantastico, aunque el guion no le exiga demasiado. Francella es una revelación… quizas porque es la primera vez que actua de verdad en años. Villamil es divina, divina como especialmente se la ve cuando trabaja con Darin y Campanella.
Ahora, tanto talento en una pelicula que esta a un paso de ser genial y se termina quedando en la trampa de la nostalgia sensiblera, en el golpe de efecto con musica dramatica de fondo? La verdad, se me antoja un desperdicio.