Opinion fuerte (pero, si me conocen, enteramente predecible): romances que hayan inspirado música memorable los hay muchos, pero el más significativo en la escena del rock inglés en lo que va de este nuevo siglo es la dupla de Pete Doherty y Carl Barat, los frontmen de The Libertines. No sé si romance es la palabra correcta para la relación que en si tenian en la vida real en los años miserables pre-exito, pero sin duda lo es para la que construyeron para su imagén pública, que rapidamente se salio de control hasta que la linea entre lo privado y lo público desapareciera del todo: Pete y Carl eran amigos y enemigos; se profesaban amor incondicional en entrevistas y cantaban sobre separaciones y amores que ya no daban más mientras empapelaban revistas de chismes con sus escandalos y excesos. Se odiaban, se perdonaban, se robaban las cosas del otro y las vendian para comprar drogas. Hacian un show de la tensión sexual (no se sabe si se quieren dar o se quieren matar a golpes, dijo alguna vez un periodista), mientras probablemente se arrancaban los ojos en el backstage. Sexo, sudor y drogas, casi un estereotipo del exceso rockero, sumado a la disolucion de cualquier barrera entre artistas y público, entre la creación y la vida privada: organizaban conciertos en sus casas, cantaban de la desintegración de su propia amistad, participaban asiduamente del foro que frecuentaban sus fans mucho antes de la explosión de myspace. Aun cuando cantaban sobre sus ex-novias, parecia que estuvieran hablando de ellos mismos; como tantos otros fans, no me importa que Music When The Lights Go Out fuera escrita en el 1999 – para mi es un lamento por el Albion imaginario que habian construido los dos, y que ahora que aquellos tiempos habian quedado en el pasado, hacia agua.
Tan literarios como reventados, Pete y Carl hablaban de Wilde, de Baudelaire (obvio, como no les iban a gustar Wilde y Baudelaire), citaban literatura en programas de television con sus mejores modales de colegial inglés y ojeras de junkie al borde de la inconsciencia. Doherty, en especial, tenia el encanto irresistible del poeta maldito, el niño terrible que habia logrado incluso enamorar a una famosisima modelo, y que estaba siempre en la cuerda floja, al borde de la autodestrucción.
A veces siento que The Libertines ardio y se consumio a si mismo, y que el genial segundo disco (desparejo, desprolijo pero fantastico) es donde este romance se acaba, y tanto mejor asi. Pero a veces, cuando leo entrevistas de Doherty (que se ha redimido frente a mis ojos escepticos luego del precioso disco solista que saco hace poco, Grace/Wastelands) y me entero que él quiere que se vuelvan a juntar… bueno, ahi pienso que donde hubo fuego, cenizas quedan, y que si ya que estamos se quieren pegar una vuelta por latinoamerica, for old time’s sake, tanto mejor.
(Carlos, te he defendido por años, pero aun asi espero que alguna vez te dejes de histeriquear y vuelvas con Peter de una buena vez. I mean it.)
Este posteo va dedicado a la Srta. Veronica – a la que alguna vez le dije Bilo en dudoso estado de sobriedad – por la inspiración para el título, además del apoyo y el fervor fanático.